07 de Abril de 2021

Columna
Luis Linares Zapata

Aun antes de que el Presidente enviara al Congreso su iniciativa de ley eléctrica, las empresas del sector habían desatado intensa campaña de propaganda. Lo hicieron porque las tentativas para corregir el desorden provocado, junto con los abusos, los alarmaron. De prosperar las varias modificaciones intentadas respetando la ley vigente, dejarían de obtener inmensas utilidades a costa del erario. El meollo de sus ataques publicitarios incidía en lo que se visualizaba como puntos débiles del Estado: generación con combustibles fósiles y rechazo a las energías renovables y limpias. Su estrategia de defensa incluyó un plan para detener en los tribunales las múltiples modificaciones correctivas. La casi totalidad del aparato de comunicación del país respaldó la narrativa inducida por el sector privado (mayormente trasnacional). Nada de extrañar, asumiendo que la participación de empresarios en los medios de comunicación es abrumadora. 

Presentada y aprobada la iniciativa, se han redoblado tanto la propaganda como la movilización de los apoyos adicionales con que cuentan las empresas eléctricas que son, sin duda, vastos y poderosos. De entrada, la ahora nueva ley está detenida tras dictados de jueces especializados. La ruta siguiente contempla un tránsito por tribunales colegiados y, al final, el dictamen de la Suprema Corte. Mientras este curso sigue su camino, no se puede poner en marcha lo que se piensa como urgente: regularizar el mercado y terminar con el ilegal saqueo. 

Es indispensable que se medite sobre el fondo de esta polémica. Claro está que no se trata de evitar la generación por las llamadas energías limpias. La CFE es el mayor empleador de ellas y se han desarrollado programas para acrecentarlas. Tampoco es cierto que se concentrará en el uso de combustibles fósiles. Tanto el combustóleo como el carbón son usados en menores proporciones de la generación total. El meollo tiene que ver con los indebidos y cuantiosos subsidios que se les concedieron a casi todos los participantes privados, en esencia internacionales. Pasados gobiernos nacionales –a partir de C. Salinas– fueron en extremo “generosos” (irresponsables) en permitir los inmensos e indebidos beneficios a los particulares. 

En pasada mañanera, tanto el director de la CFE como algunos de sus funcionarios de primer nivel presentaron cuentas del problema básico. Cómo era de esperar, tan grotesca realidad pasó casi desapercibida en los medios de comunicación. Es por ello que hace falta insistir en mostrar, con números, las transferencias que se hacen desde la empresa del Estado. El subsidio total llega a la fantástica suma de 471 mil 200 millones de pesos. El desglose implica varios conceptos. El mayor se describe como la diferencia entre el precio de compra, por parte de CFE, a privados versus su venta al mercado: 209 mil millones de pesos. Le siguen otros renglones como: el no “despacho” (no uso) de la energía privada que, de todas formas, se les paga, 60 mil 200 millones. La venta de energía de privados a la CFE por 52 mil millones. El subsidio a la transmisión, en precios a los llamados autoabastos, por 29 mil millones. El llamado “respaldo” que se hace a la energía intermitente para estabilizar el sistema, 21 mil millones. Restan otros subsidios que abarcan la cobertura de riesgos, cambiarios y por inflación, 83 mil millones lo primero y 11 mil 500 millones el segundo. Riesgos que debe asumir la CFE por toda la generación. Estos montos, como ven, son los que están en juego en el presente pleito. Tal como asegura con plena razón el Presidente, México ha dejado de ser tierra de conquista. 

En días pasados, varias empresas dieron a conocer lo que pagan por la energía (tiendas Oxxo, entre ellas). Aseguraron que no se les regala nada, puesto que su cuenta promedio por cada uno de sus establecimientos llega a 14 mil 52 pesos mensuales. En efecto, esa es la cuenta mensual que por ahora liquida cada tienda. Pero lo que debían pagar por su consumo serían otros 26 mil 544 pesos. Es decir, la factura llegaría a 40 mil 596 pesos, que es lo que paga cualquier tienda de abarrotes con similar consumo eléctrico. Y lo anterior se debe multiplicar por unas 12 mil tiendas pertenecientes al consorcio Femsa. Así, se da una idea del cuantioso subsidio. La competencia de Oxxo (Extra, Mambo, Circulo K) es, ciertamente, desleal, pues ellos pagan 24 mil 202 pesos en promedio. Además, hay que aclarar el costo real unitario por la generación (Kwh/pesos). La más barata es la que aportan las hidroeléctricas: 0.33 pesos. Le sigue la nuclear, con 0.47 En cambio, el costo de la solar es 1.02. La de combustión es 1.19 y la eólica, de 1.52, la más cara. 

Quedan por exponer otros renglones para penetrar en el meollo de la disputa y percatarse de toda su extensión. Por ahora basten los puntos aquí descritos.