15 de Septiembre de 2020

México SA
Carlos Fernández-Vega

Urge auditar privatizaciones

Acostumbrado a traficar influencias para hacer jugosos negocios –especialmente a costillas de la nación– y zafarse de eventuales problemas legales, Alonso Ancira, la cabeza visible de Altos Hornos de México, ya no sabe qué inventar en su intento por dejar atrás el grave problema legal que enfrenta. Aterrado, el empresario salinista mueve cielo, mar y tierra para sacudirse las acusaciones formuladas por la Fiscalía General de la República, pero como no tiene para dónde hacerse ahora, en su desesperación, decidió demandar al Presidente de la República.

Andrés Manuel lo explicó así: "Ancira presentó también una demanda en contra mía. Pues está en su derecho, pero tenemos pruebas de que él vendió la planta de fertilizantes a un sobreprecio de más de 200 millones de dólares y tenemos pruebas de la relación estrecha de este señor con los que tomaron la decisión de adquirir esa planta. Dice que lo estoy difamando, porque aquí se menciona el caso en las mañaneras. Pero no es un pleito, yo no me peleo con nadie, yo no tengo enemigos ni quiero tenerlos, tengo adversarios, y como Presidente de México tengo que cuidar el patrimonio de los mexicanos".

Ancira está angustiado, porque han sido vanos todos sus intentos por zafarse, y está frito si, junto con sus abogados, cree que con la demanda referida tiene un "as" bajo la manga. Como bien lo recuerda el mandatario, “he denunciado este caso desde hace muchos años, desde que se firmó –lo que pasa que hay como amnesia– el llamado Pacto por México, acuérdense, ya no se habla de eso, acuérdense toda la difusión que se dio sobre el Pacto por México. Ahí se acordó lo de la planta de fertilizantes, comprarla, (sin considerar) que llevaba 15 años sin uso; una planta chatarra, porque hicieron el acuerdo arriba y pagaron un sobreprecio estimado en 200 millones de dólares”.

En efecto, el llamado Pacto por México se "comprometió" a convertir a Pemex "en el motor de promoción de una cadena de proveedores nacionales y se reforzará su papel en la producción nacional de fertilizantes", para lo cual compró, a precio inflado, pura chatarra. Para dar una idea, poco antes de la privatización salinista, la paraestatal Fertimex (de donde surgen las empresas privadas Agronitrogenados y Fertinal) producía alrededor de 3 millones de toneladas anuales.

El salinismo justificó esa privatización, porque los fertilizantes "no son estratégicos para México" (hoy es importador neto), y por la venta de 13 plantas de Fertimex el Estado recibió 317 millones de dólares. Más de dos décadas después, Ancira se embolsó más de 400 millones de billetes verdes sólo por la chatarra de Agronitrogenados.

Entonces, ya con la decisión presidencial de auditar a la banca de desarrollo, nada mal estaría que a esa iniciativa sumara la de revisar, una por una, las privatizaciones de la etapa neoliberal, y podría comenzar con AHMSA, paraestatal que se quedó en manos de Ancira por un precio muy por debajo de su valor en libros.

Para dimensionar el atraco a la nación que significó la compra de Agronitrogenados, hay que dimensionar: Ancira se quedó con Altos Hornos de México y 12 paraestatales adicionales, tras pagar –se supone– 145 millones de dólares el 20 de diciembre de 1991, de acuerdo con información de las secretarías de Hacienda y de la Contraloría General de la Federación (hoy de la Función Pública).

Pues ahí tiene el Presidente algunos elementos para auditar las privatizaciones, en el entendido de que "México no estaría así si no se hubiese dado este saqueo desmedido; hablamos del saqueo más grande que se haya cometido en toda la historia del país, lo que sucedió en el periodo neoliberal. Por eso la pobreza la desigualdad, la violencia, ellos son los responsables y sí, vamos a revisar todo".

Las rebanadas del pastel
¿Por fin? El Presidente anunció ayer que "de inmediato" iniciará el rescate de los mineros de Pasta de Conchos, pero en julio pasado la secretaria del Trabajo, Luisa María Alcalde, dijo que tal procedimiento tardaría "entre cuatro y ocho años". ¿Quién metió la pata?

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