21 de Noviembre de 2020

Columna
Miguel Concha

Los derechos humanos son, en sentido amplio, condiciones necesarias para una vida digna.

Hoy, después de su proceso de positivización más relevante en los últimos siglos, cuando en 1948 se dio a conocer la Declaración Universal de Derechos Humanos en el seno de lo que hoy es la Organización de las Naciones Unidas, siguen cada vez más vigentes. Este hecho marcó el inicio de un desarrollo particular en la constitución de los estados, posterior al periodo de la guerra, como garantes de la realización de estos derechos. Y años después como sujetos políticamente obligados a cumplir con lo que se consignó en los instrumentos internacionales en la materia.

A más de 70 años de la declaración, éstos ya han dejado con su paso la conformación de un sistema de derecho internacional, basado en principios y derechos que reconocen la dignidad humana y los derechos de los pueblos. Esta es una versión formal de la historia de los derechos humanos. Sin embargo, por justicia, debemos referenciar las otras historias, que también en estas décadas se entrecruzan con aquella versión, y han aportado al reconocimiento y progresividad de estos derechos. No resulta obvio afirmar que esas otras historias durante estos años están muy ocultas en las versiones oficiales, aunque presentes en las prácticas de los grupos más empobrecidos y desfavorecidos. Me refiero a esas historias nacidas desde y entre las y los condenados de la tierra.

Primero, en esta otra historia de los derechos humanos es fundamental reconocer que estos derechos son conquistas sociales venidas desde abajo. Me explico: por desgracia la buena voluntad de los estados para respetar estos derechos no ha sido lo más constante en la historia. Por el contrario, en aras de proteger los intereses de algunos y la centralidad de las instituciones de poder, se han cometido reprobables agresiones y violaciones a los derechos de personas, comunidades y colectivos. Frente a ello, quienes se han visto mancillados en sus derechos se organizan y hacen frente a esta violencia, en ocasiones venida del propio Estado, o de grupos fácticos que protegen sus intereses. Para defenderse, han reivindicado los derechos que al menos se han ido estableciendo en el cuerpo jurídico internacional, y en sus marcos jurídicos nacionales, según su adecuación.

Por fortuna, el uso de estos derechos ha traído, en algunas ocasiones, la ampliación de estrategias de la lucha social y popular, encaminadas a la construcción de un mundo más justo, digno y en paz. Lo que se puede definir como el uso alternativo y crítico de los derechos humanos. No siempre ha resultado fácil, pues en este largo camino de conquista de derechos desde abajo, se cuenta también la fuerte represión que ha cobrado y afectado vidas humanas. Y sin embargo, la historia formal de los derechos humanos pone énfasis en la erección de estados y en sistemas supranacionales, con contenidos y menciones a estos derechos.

Por otro lado, una historia contrahegemónica, crítica y liberadora desde abajo, pone énfasis en los procesos organizativos, reconociendo en ellos la constitución de un sujeto político y colectivo, encaminado a liberarse de toda forma de opresión. En una visión hegemónica de los derechos, se cree que los actores de la transformación de los derechos son el Estado o formas estatales, como las organizaciones internacionales, y que la dirección de la transformación de los derechos va ineluctablemente de lo tradicional a lo moderno (eurocéntrico).

Por el contrario, desde una mirada contrahegemónica y desde abajo, las efectivas transformaciones y conquistas de derechos están ancladas y hallan su sentido en los movimientos y colectividades sociales; en los grupos más empobrecidos y excluidos, quienes desde la marginalidad que les imponen luchan por organizarse y allegarse condiciones dignas y justas para una buena vida. Traigo a esta reflexión los aportes del experto Balakrishnan Rajagopal, actual relator de la ONU en el derecho a la vivienda, y autor del texto El derecho internacional desde abajo, en el que hace una larga disertación sobre los actuales tiempos de los derechos humanos, llamando nuestra atención sobre el reto que implica el reconocimiento efectivo y justo del aporte histórico venido del sur global, desde el “tercer mundo”, en la conformación de ese conjunto de derechos humanos, que no nacen única y exclusivamente en el occidente, y mucho menos sólo desde la Europa Central.

Se deberá, pues, en estos tiempos, dejar de presentar los derechos humanos como “impolutos”, lo cual se traduce en la reivindicación única de cuño occidental y, por tanto, colonial y eurocéntrico. ¿Cómo es que se ha ido generando un contenido contrahegemónico y crítico de los derechos humanos? Ello ha sido posible gracias a los procesos organizativos de actores sociales y populares. Se podrían evocar ahora múltiples movimientos y acciones de víctimas, violentadas en sus derechos humanos. Los volveremos a mencionar en otra ocasión.