22 de Febrero de 2021

Columna
Abraham Kato

‘‘Que otros se jacten de lo que han escrito, yo me enorgullezco de lo que he leído’’, es una de las frases más famosas del escritor argentino Jorge Luis Borges; que refleja perfectamente su vocación literaria. Aunque Borges tenía predilección por la literatura inglesa, pereciera que llegó a leerlo todo. Es considerado uno de los máximos exponentes no solo de la literatura latinoamericana, sino de la literatura universal.

El mismo Borges nos cuenta, en el ensayo autobiográfico que escribió para la traducción en inglés de El Aleph y otras historias (Cape, 1971), editado y traducido por Norman Thomas di Giovanni, que su papá quiso que se cumpliera su destino literario en él. Así que no solo siempre supo que esa sería su fortuna, sino que también invariablemente tuvo todo el apoyo de sus padres para hacerlo. En cuanto terminó la prepa se dedicó a escribir ensayos, dirigir revistas, realizar traducciones y colaborar en gran variedad de proyectos literarios. Por tanto, no solo leyó de todo, sino que también da la impresión que escribió sobre todos los temas; por consiguiente, es muy común que lo citen.

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El escritor argentino, del artista Víctor Miranda. Cortesía

El escritor y poeta argentino Santiago Sylvester en su ensayo Borges y la poesía asegura que el autor de Ficciones posiblemente sea el escritor más citado, inclusive al grado que resulta más citado que leído. ‘‘Citar a Borges para justificar una opinión cualquiera se ha convertido en un recurso de nuestra época’’, comenta.

Es muy común encontrar citas a Borges aún en los temas más diversos. Al desarrollar un tema, sobre todo si es literario, lo más común es que se recurra a una que otra cita de nuestro laureado escritor para justificar antecedentes; en un trabajo académico son imprescindibles. Ahora bien, si el tema es literario lo más probable es que Borges ya lo haya abordado. Así que por qué no citarlo.

En su ensayo El Libertador, para la edición conmemorativa de la RAE por el centenario de Rubén Dario (Alfaguara 2016), el escritor y periodista nicaragüense Sergio Ramírez decide iniciar con una larga cita de Borges para justificar el título: ‘‘Todo lo renovó Darío: la materia, el vocabulario, la métrica, la magia peculiar de ciertas palabras, la sensibilidad del poeta y de sus lectores. Su labor no ha cesado y no cesará; quienes alguna vez lo combatimos, comprendemos hoy que lo continuamos. Lo podemos llamar el Libertador’’.

Mario Vargas Llosa, premio Nobel de Literatura 2010, es su celebrado ensayo Una novela para el siglo XX, para la edición conmemorativa de la RAE (Alfaguara 2004) del Quijote por sus 400 años, menciona que el gran tema de la novela es la ficción; la forma en que transforma la realidad y se infiltra en la vida. Enseguida refiere: ‘‘Así, lo que parece a muchos lectores modernos el tema ‘borgiano’ por antonomasia -el de Tlon, Uqbar, Orbis Tertius- es, en verdad, un tema cervantino que siglos después, Borges resucitó, imprimiéndole un sello personal’.
 
La trama del cuento Tlon, Uqbar, Orbis Tertius comienza precisamente con una cita que Adolfo Bioy Casares hace: ‘‘... los espejos y la cópula son abominables, porque multiplican el número de los hombres’’. Después, cuando no pueden encontrar la fuente de la cita, Borges conjetura que todo era una ficción improvisada por la modestia de su amigo para justificar la frase. Lo que quizá demuestra la razón por la que muchas veces se recurre a las citas: modestia, inseguridad y, por supuesto, credibilidad.

Para la edición conmemorativa de la Región más transparente de la RAE (Alfaguara 2008), celebrando medio siglo desde su primera edición, el escritor y crítico literario Gonzalo Celorio abre su ensayo Carlos Fuentes, epígono y precursor con una anécdota: ‘‘Cuando murió, la madre de Jorge Luis Borges, doña Leonor Acevedo, tenía 99 años de edad. Cuentan que, en el sepelio, una vecina se acercó al escritor y le dijo, a manera de pésame: ‘Qué pena; un poco más y llega a los cien’, a lo que Borges respondió: ‘Me parece que exagera usted el prestigio del sistema decimal’.

Esa puede ser una de las razones más comunes para citar a Borges: su sentido del humor. Anécdotas como esa hay muchas y siempre logran el objetivo de amenizar la ocasión. Para tal efecto recomiendo el libro de Roberto Alifano El humor de Borges (Lectorum, 2008), que muestra ese lado humorístico del escritor argentino y está lleno de anécdotas graciosas y divertidas.

Uno de los temas que más apasionaba a Jorge Luis Borges era el de Las mil y una noches. En la famosa conferencia que le dedica a la obra, menciona: ‘‘... si queremos entrar en este tema que yo quiero tanto, que he querido desde la infancia, el tema del Libro de las mil y una noches, o, como se llamó en la versión inglesa (la primera que leí) The Arabian Nights, Noches árabes’’. Por tanto, cuando el profesor y traductor árabe René R. Khawam publicó su versión definitiva de este clásico de la literatura universal (Edhasa, 2013) sintió la necesidad de mencionar al escritor argentino: ‘‘... una edición ilustrada que sin duda hubiera hecho las delicias de J. L. Borges’’.

Posteriormente, en la introducción, cuando habla de la fidelidad de su edición con los manuscritos originales, a diferencia de la censura que ha existido en otras ediciones, haciendo referencia a un pasaje donde ocurre una orgía vuelva a citar a Borges: ‘‘Basta con la más oblicua y pasajera alusión carnal, para que Lane (Edward William Lane, orientalista, traductor y lexicógrafo británico) olvide su honor y abunde en torceduras y ocultaciones’’. Lo que resulta algo irónico, puesto que los temas de amor y, sobre todo, sexuales son prácticamente nulos en la obra de Borges.  

Por último, otro ejemplo podría ser el del pintor y traductor uruguayo Pablo Mañé Garzón, quien en la introducción para la edición bilingüe de la poesía completa de Wall Whitman (Libros Río Nuevo, 1978) hace un par de citas. Primero, cuando menciona el aire de patriotismo que llevó al padre del poeta nortemaericano a nombrar a sus primeros hijos George Washington, Thomas Jefferson y Andrew Jacksaon, cita ‘‘... como dice Borges, América era un símbolo idealizado ‘ahora un tanto gastado por el abuso de las urnas electorales y los elocuentes excesos de la retórica’’’, y segundo, cuando explica que en el proceso de una traducción siempre hay sacrificios que se tienen que hacer al elegir palabras o frases equivalentes. Aquí, parafrasea al autor de El Aleph, que ya había traducido algunos poemas de Hojas de Hierba, quien explica que en esos casos siempre se debe de optar por un compromiso entre la interpretación personal y el rigor resignado.    

Todos tenemos héroes que admiramos, imitamos y constantemente estamos recordando. Borges era admirado por todos, por ejemplo, escritores de renombre como Julio Cortázar lo reconoció no solo como su maestro, sino como el de toda su generación; Juan José Arreola lo responsabiliza de haber tenido una importancia capital en el desarrollo de la literatura en lengua castellana; Alfonso Reyes lo reconoció como uno de los escritores más originales y profundos de Hispanoamérica.

El filósofo suizo Henri Frédéric Amiel dijo ‘‘hacer con facilidad lo que es difícil a los demás: esto es el talento; hacer lo que es imposible a las personas de talento: esto es el genio’’, si lo traducimos al ámbito de la literatura podría bien explicar la necesidad de citar a Borges. Parece que una combinación entre talento y cariño siempre lo hacen sobresalir y nos obliga a citarlo. En verdad fue un hombre que se dedicó en cuerpo y alma a las letras, un hombre a quien el periodista español Joaquín Soler Serrano calificó como: ‘‘Literatura, todo Literatura, mente y Literatura’’.

Por último, me despido con una cita de Borges: “La fama me llegó gradualmente, como la ceguera. Nunca la cultivé, ni la busqué, ni la alenté. Fue algo que de una manera muy curiosa me otorgaron los demás”.