méxico | 15 de Mayo de 2021

En la tarea de impulsar la “crianza con ternura”, expertos de Save The Children México señalan que no se trata de dejar a los menores hacer lo que les dé la gana, sino de aprender que existen formas más respetuosas, cariñosas y compasivas de poner límites. Foto Guillermo Sologuren / La Jornada

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Fernando Camacho Servín / La Jornada
Ciudad de México, 15 de mayo.- Los castigos físicos y humillantes hacia niños y niñas siguen siendo una costumbre muy arraigada en México, con el pretexto de “educar y poner límites” a los menores, pero a través de dicha práctica se naturaliza la violencia y se pueden generar daños físicos y sicológicos a los pequeños, advirtió la organización civil Save The Children México.

En entrevista con La Jornada, con motivo del Día Internacional de las Familias –que se conmemora este sábado 15 de mayo–, Sandy Poiré, directora de calidad y asuntos internacionales del colectivo especializado en infancia, señaló que es necesario un cambio cultural en el país para erradicar la violencia como método educativo e impulsar la “crianza con ternura”.

Golpear a niños, niñas y adolescentes “es un fenómeno muy generalizado y ahora con la pandemia se ha recrudecido muchísimo la violencia. Hay niños que viven situaciones muy fuertes de maltrato” en sus hogares, lamentó la especialista.

De acuerdo con cifras oficiales recopiladas por Save The Children México, en 2020 más de 11 mil menores ingresaron a hospitales debido a lesiones, mayormente ocurridas en su casa y provocadas por familiares. También el año pasado se documentó el asesinato de mil 900 personas menores de edad.

“Hemos normalizado la violencia hasta un punto en el que se ha conformado como un mecanismo para manejar nuestra ansiedad y estrés. En la pandemia, todos estamos sujetos a un montón de presiones por el encierro, por el empleo, por pérdidas y duelos, y eso exacerba nuestra propensión a la violencia”, apuntó.

De acuerdo con la especialista, aunque se suele pensar que los castigos físicos a los menores no les producen ningún daño e incluso les pueden “servir”, en realidad pueden “disminuir nuestra autovaloración y llevarnos a pensar que hasta somos merecedores de ello”.

Lo anterior “genera las condiciones para una relación no equitativa, subordinada, inclusive como base de discriminación en donde un niño o niña puede decir ‘no valgo, no soy suficiente, no pertenezco’, y esto va teniendo impactos en su proceso de desarrollo y en posibilidad de interactuar que nos van a acompañar toda la vida”.

En los casos donde las agresiones son más fuertes, alertó, los menores pueden tener “impactos fuertes a nivel físico, emocional, intelectual y en su capacidad de comprensión. Cada quien va asumiendo sus respuestas ante ello, pero puede limitar nuestra capacidad de atención o generar trastornos del sueño, dolores de estómago, falta de control de esfínteres.

“Pensamos que una nalgada en ciertas condiciones puede parar una conducta, y en efecto la para, pero lo que implica para el proceso de desarrollo de niñas y niños es algo muy fuerte y quizá irreversible, que va a requerir de un proceso terapéutico y de revisión personal para sanar”.

Poiré señaló que aunque en diciembre de 2020 se reformó la Ley General de Niños, Niñas y Adolescentes para incluir la prohibición de los castigos físicos y humillantes, esta práctica sigue ocurriendo, además de que no ha concluido un proceso de armonización en ese sentido en los códigos locales de todos los estados.

“Tenemos una de las legislaciones más avanzadas (en materia de niñez), pero todavía falta trabajar en un cambio cultural para que eso vaya acompañado de la práctica. Es un trabajo de los papás y las mamás de ir conceptualizando las implicaciones de una crianza violenta y al mismo tiempo ir viendo los beneficios de una crianza con ternura, respetuosa, que permite el desarrollo de habilidades y capacidades. Implica una revisión de la manera en que crecimos y fuimos educados”, apuntó.

Poiré recalcó: “No es una transición fácil. Es un avance que esté planteado en la ley, pero hace falta todo un trabajo de cambio de consciencia, para que no sea una reacción el dar una nalgada o aventar una chancla, y que podamos reaccionar de manera respetuosa y adecuada. No se trata de dejar a los niños y niñas hacer lo que les dé la gana y que no haya límites, sino de tener formas más respetuosas, cariñosas y hasta compasivas de poner límites”.

Incremento de la violencia contra niñas y niños

Según datos oficiales, resaltó Save The Children México, al menos 63 por ciento de las personas menores de edad en el país sufren agresiones como parte de su crianza en casa, lo que lleva a que 48 por ciento de las víctimas de violencia intrafamiliar sean menores de edad.

De igual forma, la organización destacó que todos los días se reportan un promedio de 30 casos de violencia en contra de niños y niñas, y que ha habido un incremento de 167 por ciento de denuncias en el último año para reportar violencia intrafamiliar.

De los niños de entre 6 y 9 años que han experimentado violencia, 44.8 por ciento sufrieron golpes y a más de 40 por ciento los han insultado, de acuerdo con estudios oficiales.